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Una República colapsada: Dentro de la Guerra Civil Española

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Mujer anarquista

 

Una joven republicana armada, caminando en una calle de Barcelona (Julio de 1936)

General Franco (C) con el Jefe de Estado Staff Barroso (L) y el Comandante Carmenlo Medrano observando un mapa.

 

Dos jóvenes fascistas leales al General Franco, realizando un saludo militar.

 

Un joven republicano, marchando en la calle de un pueblo desconocido.

 

Un hombre realizando el característico saludo republicano.

 

Los incendios provocados en iglesias y monasterios eran comunes durante los primeros días de la República. Un hombre de la milicia posa para el fotógrafo delante de una iglesia ya saqueada. (Julio de 1936 en Barcelona)

 

Para mostrar su anticlericalismo y protestar por el apoyo que le dieron los católicos a Franco, los republicanos expusieron los cadáveres de los religiosos una calle de Barcelona.

Una multitud da la bienvenida a los leales republicanos en Madrid (Enero de 1936).

 

Una bandera republicana en Madrid dice: “¡No pasarán! El fascismo quiere conquistar Madrid. Madrid será la tumba del fascismo”.

 

Sosteniendo la bandera de la Segunda República Española, Madrid.

 

La ofensiva nacionalista en Madrid, que duró desde noviembre de 1936 hasta febrero de 1937, fue una de las más feroces de la Guerra Civil. Durante este período, Italia y Alemania comenzaron a ayudar a las fuerzas nacionalistas, y la URSS ayudó al gobierno del Frente Popular.

 

Muerte de un miliciano leal en Córdoba. (Septiembre de 1936)

 

Soldados leales a la República disparando desde una ventana en Barcelona (Julio de 1936).

 

Un soldado republicano en uno de los tanques franceses Renault FT17 se prepara para luchar contra las tropas de Franco, Madrid.

 

Los republicanos luchan por el Alcázar de Toledo, donde se refugian los rebeldes, en julio de 1936. Los rebeldes fueron entregados por las tropas de Franco el 29 de septiembre.

 

Los republicanos luchan en una carretera de un lugar desconocido.

 

Mujeres en el Cerco del Alcázar. Toledo, 1936.

 

Ernest Hemingway (centro) con el escritor soviético Ilya Ehrenburg (izquierda) y el escritor alemán Gustav Regler (derecha) durante la Guerra Civil Española (1937).

 

Soldados republicanos en Madrid, a finales de 1936.

 

Mujeres republicanas disparan durante un ejercicio militar en un lugar desconocido.

 

Batalla de Teruel el 21 de diciembre de 1937.

 

La destrucción que se produjo en Granollers después de una incursión de aviones alemanes el 31 de mayo de 1938.

 

Las ruinas de Guernica.

 

El pintor español Pablo Picasso frente a su pintura Guernica, en su inauguración en el pabellón español de la Feria Internacional celebrada seis semanas después del bombardeo aéreo del pueblo vasco de Guernica. Picasso completó este monumental lienzo que se convirtió en un símbolo internacional de la causa republicana española. (12 de julio de 1937).

 

Mujer pintando bombas en una fábrica de municiones. Barcelona, 1938.

 

Bombardeo en Barcelona, 1938.

 

Observando un ataque aéreo nacionalista sobre la ciudad de Barcelona (Enero de 1939).

 

Refugiados de Málaga. (Murcia, febrero de 1937).

 

En la carretera de Tarragona a Barcelona. Gente de Tarragona buscando refugio en Barcelona, antes de la evacuación de la ciudad. Muchos de ellos fueron asesinados o perdieron sus pertenencias durante los ataques aéreos fascistas. (15 de enero de 1939).

 

Adolf Hitler saluda a los nacionalistas españoles en el Desfile de la Legión del Cóndor de 1939, donde son invitados de honor.

 

Tropas franquistas en la frontera francesa (1939).

 

Una mujer y su hijo llegan a Francia (Febrero de 1939).

 

Niños preparándose para la evacuación, algunos dando el saludo republicano.

 

Los combatientes republicanos llegan a Francia después de huir de España donde las tropas nacionalistas del General Franco ganaron la guerra civil (Febrero de 1939).

 

Ex miembro de la Filarmónica de Barcelona en un campo de concentración de refugiados españoles en marzo de 1939.

 

Soldados y civiles republicanos exiliados que cruzaron la frontera después de la victoria de Franco, siendo trasladados de un campamento a otro refugio. Un policía francés dirige la fila de refugiados. Francia había establecido ocho campamentos a lo largo de la frontera en la región de los Pirineos Orientales (Marzo 1939).

En enero de 1939, el sueño de una verdadera República Española se había desmoronado. Muchos de los que compusieron su realidad efímera, aquellos hombres y mujeres republicanos y los funcionarios electos democráticamente, se dirigieron hacia los Pirineos y la frontera francesa. A pesar del frío, con conocimientos sobrios de que con la fuerza contundente, no con ideas competitivas o procedimientos democráticos, tendrían más posibilidades de transformar una localidad determinada y gobernarla en un futuro.

Los aproximadamente 500.000 hombres y mujeres que abandonaron sus hogares ese invierno, dejaron un país donde la persecución y el abuso de poder ocasionaron la muerte de, al menos, 500.000 personas. Adicionalmente los planes radicales para la redistribución económica de las riquezas corruptas, dio paso a la instalación de la dictadura más larga de Europa, encabezada por el general Francisco Franco.

La guerra civil española comenzó oficialmente en julio de 1936, cuando Franco, de 43 años de edad, inició un golpe militar contra la dirección de la Segunda República Española, proclamada en 1931 por una coalición de partidos antimonárquicos.

Mientras que estas alianzas resultaban exitosas al llamar reformas sociales y económicas, aumentar la autonomía regional, la libertad religiosa y la separación de la iglesia y el Estado, entre otras cosas; la multiplicidad de actores socialistas, comunistas y anarquistas, por solo nombrar algunos, aunado a la competencia de intereses generó que para 1933 la Segunda República no hubiese alcanzado lo prometido en su Constitución de 1931.

Sin embargo, las reformas previstas o logradas de estos partidos izquierdistas que se unieron en las elecciones de 1936 como “Frente Popular”, inquietaron profundamente a los conservadores a favor de la iglesia, de la monarquía y/o de la milicia de España.

Estos entes consideraron “El Frente” como una amenaza al corazón de España por el desprecio hacia la iglesia católica, por la posibilidad de incluir a las sectas comunistas dentro del espectro de la Unión Soviética y un peligro para la propia existencia de España como Estado-nación debido a la concesión de la autonomía regional. Concluyeron que este movimiento necesitaba ser aplastado por sus actos de izquierda, ejecutados violentamente y con un gobierno que parecía permitirles este tipo de acciones sin ninguna sanción.

La guerra comenzó en julio de 1936, en el insoportable calor del Marruecos español y en las colinas de Navarra, al norte de España. Los asesinatos por causas políticas tanto de derecha como de izquierda mostraron a los conservadores la necesidad de restaurar el “orden” en España. Sin embargo, una especie de orden que sólo podía lograrse a través de la violencia. Franco, ayudado por la Italia fascista y la Alemania nazi, emprendió su camino a través de España, donde se encontró con una determinada y fuerte resistencia republicana, pero en última instancia, concluyente aunque desarmada.

Las ciudades se derrumbaron. Las ciudades y sus habitantes se convirtieron en bases para el desarrollo de armamento. El gobierno republicano huyó de Madrid a Valencia, y finalmente a Barcelona en 1937. La Batalla de Ebro de 1938 vería las secuelas de la Segunda República española, “golpeada, herida y recostada en una esquina”, agotada hasta el punto de colapsar.

Lo único que quedó fueron los hombres y mujeres, viejos, niños, civiles, soldados, ex jefes de Estado, quienes huyendo de la derrota, abandonaron el suelo donde la fuerza implacable determinó que las formas alternativas de vida política y económica no crecerían allí.

Un gran águila negra apareció poco después de la guerra en la nueva bandera española la cual representó una visualización al pasado, de las décadas de oscuridad que España soportó bajo el mandato de Franco y un eterno recordatorio de que, como escribió Albert Camus de la Guerra Civil Española, “La fuerza puede vencer al espíritu”.

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