Este es uno de los casos mas controvertidos en la historia de Estados Unidos. Casi un siglo de horror resguardados en las paredes de un reformatorio. Sin dudas fue un escalofriante lugar donde muchos de los que entraban, jamás volvían a salir.

El reformatorio del Terror:

Reformatorio del horror 1

Lo que estás a punto de leer parecen los esbozos de una película de terror real pero es en verdad la historia vivida en carne propia de más de un millar de jóvenes. Ya hemos hablado anteriormente de orfanatos donde ocurren barbaridades a los niños que allí viven. Pero en este caso hablaremos del reformatorio Arthur Dozier, ahí donde se recluían a aquellos niños y jóvenes que eran partícipes de crímenes como robo y asesinato.
Por fuera el colegio pintaba una imagen llena de elegancia, un color blanco inmaculado en su exterior por lo que era reconocida como «La casa Blanca». El reformatorio contaba con varios jardines donde se cortaba el césped diariamente, numerosos pabellones, un campo de fútbol americano y una piscina olímpica. Pero nadie imaginaba lo que en realidad sucedía adentro…

Reformatorio dozier

Cada interno era desprovisto de su nombre e identidad, pasando a ser tratados apenas con números. A todo recluta de la escuela Dozier le era imposible que se le tratara de forma decente. La comida era poca y de procedencia desconocida, muchas de las veces llegaban hasta platos en estado putrefacto. Los alojamientos no tenían inodoros y los internos debían utilizar botes vacíos para hacer sus necesidades.

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Durante el verano, el calor y la humedad se volvían insoportables. De acuerdo a los registros encontrados en los períodos de máximo apogeo, las instalaciones llegaron a albergar a poco más de 1400 jóvenes y niños que presenciaron un escenario tan real como atroz.

reformatorio dozier

Aquellos elegantes muros escondían severos castigos, violentas golpizas, inclusive violaciones y asesinatos, de los que eran responsables tanto los internos como los guardias. Cruentos relatos revelaban el uso de cadenas con bolas de hierro para castigarlos, las mismas que eran atadas a los talones de los jóvenes cuando los confinaban a celdas subterráneas excavadas en el propio patio.

Como la rutina de maltrato era la regla y no la excepción, muchos internos acabaron muertos debido a lesiones o enfermedades agravadas.
Los que fallecían eran enterrados de forma clandestina en diferentes puntos de la escuela, en el patio, en los jardines o en zanjas.

tumbas de reformatorio

Desde la fundación de la institución, los registros definían a la mayoría de decesos como «causa desconocida», eso cuando las muertes eran notificadas. Los funcionarios en varias ocasiones ni siquiera informaban a las familias de los internos, y si lo hacían cubrían la muerte diciendo que habían intentado escapar. No proporcionaban certificado de defunción y mucho menos llevaban a cabo los procedimientos administrativos para determinar la causa de muerte.

Testimonio de Roger Dean Kiser

Para revivir algunas de las siniestras experiencias existen testimonios de aquellos que lograron sobrevivir. Uno de ellos, Roger Dean Kiser narra en su libro que lleva por título «Los niños de la Casa Blanca: Una tragedia Americana» que con el simple hecho de llegar al lugar se mostró asombrado tras el silencio que reinaba en aquella instalación.

El reformatorio del terror - historias de miedo

Fueron los cinco minutos más tormentosos de toda su vida, y jamás los pudo olvidar: dos guardias lo tomaron por los brazos y lo arrastraron hasta una sala. Una vez dentro, comenzaron a propiciarle una golpiza y a asfixiarlo hasta casi terminar con su vida. Tras aquella bienvenida, lo llevaron al médico con total normalidad, como si no hubiera ocurrido nada.

Testimonio de Richard Luest

Otro de los sobrevivientes fue Richard Luest, quien con tan solo doce años ingresó al reformatorio para salir años más tarde completamente destrozado tanto física como psicológicamente. Mismo hecho que quiso denunciar a través de la prensa de la época pero nadie quiso escucharlo.
Aquí su testimonio:

Apenas llegué a la escuela, ellos me quitaron el nombre y me convertí en solo un numero. Fui el interno R297 durante ocho largos meses. El primer día me llevaron a un edificio, me ordenaron que vistiera un uniforme gris, me dieron un cobertor, una taza y un plato de aluminio. Me alojé en un dormitorio con otros cuarenta jóvenes, nadie estaba separado por edad.
Los más jóvenes lloraban de miedo durante el día y en la noche intentaban permanecer en completo silencio. Todo el mundo quería ser invisible y no atraer la atención de los veteranos o de un guardia. Todo el mundo sabia lo que podría suceder si alguno de ellos te atrapaba a solas.
Comía una vez al día y recibía una ración que no pasaba de una simple sopa de papa y un pedazo de pan seco. Comíamos únicamente con nuestras manos de una manera tan rápida para que nadie tomara nuestros alimentos y, aun hoy después de tantos años, en ocasiones despierto sin aliento, pensando que sigo en la escuela Dozier.

Este testimonio es verdaderamente escalofriante, como el hecho de saber que el reformatorio Dozier se mantuvo activo desde 1900 hasta 2011.

Reformatorio de florida school of boys

La sombra de la sospecha siempre revoloteó por sus pabellones y amplios jardines. Fueron demasiadas las denuncias que se hicieron e  investigaciones que jamás concluyeron.
Recién en 2013 el gobernador de Florida autorizó a un equipo de antropólogos y arqueólogos una excavación en la zona de enterramientos para examinar los restos de los jóvenes allí sepultados.

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El cementerio de la escuela, irónicamente solo registraba 13 tumbas, señalizadas con cruces hechas de tubos de PVC. No todas estaban debidamente registradas, lo que llevó a las autoridades a pedir auxilio a los expertos. El equipo enviado al lugar utilizó un radar de penetración y las primeras lecturas mostraron rápidamente que había otros cadáveres enterrados fuera del área de este cementerio. Habían descubierto algo mas grande y aterrador. Fosas improvisadas por todo el terreno.

Además de las osamentas el equipo encontró miles de artefactos que ayudarían en el proceso de establecer la fecha de muerte de cada interno y, con un poco de suerte, su identidad. Algunos de estos artefactos incluían restos de vestimenta, hebillas, botones, trozos de ataúdes y, en algunos casos, juguetes, como una bolsa de canicas que aun se encontraba en el bolsillo de uno de los niños.

FLORIDA REFORMATORIO

Como resultado de la extensa investigación fueron encontrados 98 jóvenes que murieron entre los años 1914 y 1973.
Más del 25% de los internos identificados murieron en los primeros tres meses de cumplimiento de su condena, lo que demuestra claramente el grado de mortalidad de las instalaciones.
El departamento de justicia decretó el cierre del reformatorio Dozier en diciembre de 2011 y esto gracias a la presión de la población y entidades de derechos humanos.

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Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Florida_School_for_Boys