El terrible Genocidio que aniquiló cerca del 25% de la población del País

A fines de los años 70, soldados vietnamitas invadieron Camboya en un esfuerzo de liberar a la población de un terrible genocidio. En el proceso, descubrieron una cárcel dirigida por los Jemeres Rojos, una organización terrorista. Los soldados quedaron en shock cuando descubrieron que los Jemeres habían esclavizado y torturado a miles de personas, desde intelectuales hasta líderes religiosos y mantuvieron un registro meticuloso en el proceso.

Los Jemeres Rojos desatan un genocidio en Camboya

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El genocidio de Campoya transcurrió entre 1975 y 1979; durante ese tiempo murieron casi 3 millones de personas. Todo fue planificado por un hombre llamado Pol Pot. El genocidio fue marcado por la agresiva relocalización de los ciudadanos camboyanos, incluidos doctores, maestros, niños y mujeres en campos de concentración. Allí eran forzados a trabajar, eran interrogados y sufrían las más abominables vejaciones. La mayoría morían ejecutados o del hambre.

La Cárcel S-21

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La cárcel S-21 era una escuela secundaria que los Jemeres Rojos convirtieron en celdas. La prisión se encontraba al final de un largo camino polvoriento a las afueras de Nom Pen, Camboya. A partir de 1976, comenzaron a encerrar a miles de personas, las interrogaban y mantenían registros increíblemente detallados sobre cada prisionero. El equipo de trabajo de la cárcel incluía también a un fotógrafo llamado Nhem En.

El Líder de los Jemeres Rojos y Jefe de la prisión

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Luego de la apertura de la prisión, un hombre llamado Kang Kech Ieu, más conocido como el “Hermano Duch” fue puesto a cargo del lugar. Irónicamente Duch era un maestro de colegio antes de la guerra, pero aceptó su rol de líder de los Jemeres Rojos. Duch era conocido por ser muy duro con sus métodos, creó un ambiente de miedo entre los prisioneros e incluso entre los guardias. Durante los interrogatorios, Duch le decía al interrogador que “Le recuerde al prisionero sobre el bienestar de su mujer e hijos.” También hacía preguntas del tipo: “¿Sabe usted en que se ha transformado su esposa?”. Este tipo de preguntas psicológicas bajaban la moral de los prisioneros hasta el punto de que sentían que su vida ya no significaba nada.

El submarino, sofocación y quema de prisioneros

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Muchos de los guardias de la prisión eran antiguos campesinos y la mayoría tenían entre 15 y 19 años de edad. Sin embargo, a pesar de su juventud, fueron capaces de cometer terribles actos de crueldad. El prisionero promedio normalmente comenzaba su interrogatorio en los que era llamado “la unidad de frío”. Allí sería sometido a torturas, insultos y presión psicológica para forzarlo a confesar. Si los guardias creían que la confesión no era satisfactoria, lo movían a la “Unidad caliente” donde eran brutalmente golpeados con puños y patadas, palos y picanas eléctricas. También serían sumergidos en agua, quemados con cigarrillos, shockeados con electricidad, pinchados con agujas o les sacaban las uñas. Incluso, en una ocasión, los guardias cubrieron a un prisionero con ciempiés y escorpiones.

 El fotógrafo de los Jemeres Rojos Nhem En

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Era posible que una sesión de tortura durara meses con médicos que eran traidos para mantener a la persona viva. El propósito de estas interrogaciones era la extrema paranoia entre los soldados de los Jemeres Rojos. Creían que en cualquier momento podían ser sacados del poder por fuerzas como la KGB o la CIA. Aún no está claro por que insistieron con mantener los registros de las interrogaciones de la prisión. Su fotógrafo, Nhem En, se unió a los Jemeres Rojos cuando tenía 10 años. A los 14 comenzó a trabajar en la prisión. Nhem aseguró que había sido capaz de sacar fotos a los prisioneros y mantenía la distancia de ellos porque “Se veían diferentes de nosotros”.

Un prisionero aterrorizado

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Las interrogaciones nunca terminaban y llevaban a más interrogaciones; la mayoría de los prisioneros estaban tan asustados que en el proceso terminaban dado una lista de nombres a los Jemeres Rojos que tomaban nota. Entonces, los prisioneros eran obligados a cavar sus propias fosas antes de ser ejecutados.

Al principio todos los presos eran enterrados en la misma prisión pero luego los Jemeres Rojos tuvieron tantos muertos que fueron forzados a buscar otros lugares para enterrar a los muertos. En 1976, encontraron el lugar perfecto, que pasó a llamarse “Los campos de la muerte Choeung Ek”.

Llevando a los prisioneros a los campos de la muerte

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Normalmente llevaban a los prisioneros de las cárceles a los campos de la muerte por la noche, los llevaban engañados de manera tal que no lloraran o lucharan en el camino a su ejecución. Se estima que los guardias mataban cerca de 300 personas por día en esos campos, y cada muerte era aprobada por el líder de la prisión, Duch. Una vez que los prisioneros llegaban a los campos, eran encerrados en un edificio de madera con techo de chapa. No había luces por lo que las personas nunca podrían verse las caras. Entonces un guardia usaba una pequeña linterna para alumbrar a un prisionero y verificar su nombre antes de la ejecución. Una vez que los guardias se aseguraban que tenían a los prisioneros correctos, los llevaban uno por uno a un foso y les disparaban en la cabeza.

La fosa común producía un insoportable Hedor

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Eventualmente, los Jemeres Rojos se vieron forzados a ahorrar balas y encontrar otros métodos de ejecución. La economía del país se había estancado debido a las sanciones que habían aplicado otros países sobre Camboya, en un intento de frenar el genocidio.

Ante la falta de balas, los prisioneros eran llevados a las fosas de los campos de la muerte y eran abatidos con cualquier tipo de arma. Podía ser un palo, un hacha o cualquier elemento afilado. Luego de que la persona era dada por muerta, un guardia lo verificaba y lo anotaba en un libro de registros. Con el tiempo, miles de personas fueron asesinadas y el hedor de los cuerpos flotaba sobre los campos de arroz vecinos.

Un Estadounidense en los campos

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Los Camboyanos no fueron las únicas víctimas de este genocidio. Hubieron 11 personas occidentales documentadas en la prisión S-21. Uno de ellos era el norteamericano Christopher Edward DeLance. DeLance se encontraba de vacaciones en 1978 cuando accidentalmente entró en aguas Camboyanas. Fué capturado por los Jemeres Rojos y llevado a la prisión donde fue forzado a firmar un documento donde juraba que no era un espía de la CIA. DeLance fue ejecutado 1 semana antes de que los vietnamitas liberaran la prision S-21. Se cree que fue sometido a terribles torturas antes de su muerte.

El Profesor Seng Ty comparte su historia con los estudiantes

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Solo 7 personas entre miles sobrevivieron a las torturas y brutalidad de la prisión S-21. Uno de los sobrevivientes, Seng Ty, escribió un libro sobre su niñez durante el genocidio. Ty compartió su historia con estudiantes de la Universidad de Boston: Durante el genocidio, no le dieron ni agua ni comida y tenía que pelear con otros niños por “Espacio y aire”.

El libro “The Years of Zero”

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Ty sentía que era importante compartir su historia ya que la mayoría de los estudiantes donde él trabaja eran descendientes de víctimas del genocidio. Sin embargo, la mayoría de los niños ignoraban los hechos ocurridos en esa época. Esto sucedió porque su padres decidieron ocultar las historias violentas y dolorosas del pasado. Ty por otro lado, creía que si no escribía su historia y la hacía conocida, algún día desaparecería. En el libro Ty cuenta como era vivir en una pequeña cabaña con otros 30 prisioneros y describe como todos excepto él murieron de hambre.

Ty luego de su rescate cuando tenía 10 años

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A veces por las noches Ty trataba de robar comida para sobrevivir arriesgándose a ser severamente castigado, incluso con la muerte. En un esfuerzo de saciar su hambre, comía insectos y hojas. Además, él creía que el hambre era peor que la tortura porque “Te mareas… todo se vuelve borroso… nunca dejas de pensar en comida y en como conseguirla.”

El recuerdo de los millones asesinados en el genocidio

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Los sobrevivientes como Ty tuvieron una suerte increíble. Luego de que Camboya fuera liberada, el mundo se enteró que cerca del 25% de la población había sido exterminada. En los años siguientes al genocidio, líderes como Pol Pot fueron llevados a juicio por crímenes de guerra, aun cuando negaban que hubiera ocurrido un genocidio. Incluso a principios de los 2000, Pol Pot declaró que tenía la conciencia limpia y negó tener alguna responsabilidad del genocidio.

 

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