Carlos VI asumió la monarquía con tan solo 11 años de edad. Con el paso de los años, desarrolló episodios de locura que le llevaron a pensar que era “frágil» e incluso llegó a pensar que sus huesos eran de vidrio…

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El Rey Carlos VI de Francia, Rey de vidrio, famoso entre los tantos que ocuparon el puesto en una época monárquica de la movida Europa medieval, fue conocido como Carlos el Bien Amado o Carlos el Loco, algo que a medir por su particularidad, en el siglo XXI encajaría perfectamente ante las trivialidades y juicios sociales que se hacen eco de lo cotidiano.

Hijo de Carlos V y Juana de Borbón, el Señor del Delfinado (Título dado al nacer), fue el quinto hijo de esta unión real, que le trajo al mundo en el año 1368 y con tan solo 11 años de edad, fue coronado como Rey de Francia, sin embargo hasta 1338, su tío Felipe II EL Audaz, fue quien gobernó, a la par de sus responsabilidades como Duque de Borgoña. Se casó con Isabel de Baviera-Ingolstadt en 1385.

Sin embargo, la historia y datos cronológicos del Rey de vidrio no son del todo lo interesante en este relato. Más bien, sus defectos, algo que cualquier ser humano puede tener, pero que en este caso, pasan cualquier aceptación de la realidad común en la sociedad, tanto de su época, como de la nuestra.

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Con síntomas que la medicina actual ubicaría en el patrón de la esquizofrenia, porfiria o trastorno bipolar, Carlos VI sufrió episodios graves de conducta, que comenzaron con el intento de asesinato de Olivier V de Clisson, amigo cercano y consejero del Rey. Esto, causó de forma desesperada, el surgir de un sentimiento de venganza insaciable por parte del Bien Amad, al punto de ir hasta Bretaña con un ejército en busca del responsable, Pierre de Craon.

En el episodio, un individuo de aspecto roído, le advirtió sobre una posible traición y allí todo explotó. Carlos comenzó a atacar a su propio ejército al poco tiempo, se le vio aullando en los pasillos del castillo y llegó a huir despavorido de su familia, sin poder recordar su nombre o sus hijos, por lo que su tío tomó de nuevo las riendas de Francia y despidió a todos los consejeros de su sobrino.

Entre los delirios más grandes del Rey de vidrio, estar hecho de vidrio fue uno de los peores o el peor. Llamado Glass delusion o ilusión de cristal, este episodio del Carlos VI llevó al monarca a vestirse de ropas muy reforzadas que evitaran cualquier riesgo de quebrarse en pedazos, a la vez que evitaba cualquier contacto con la gente, cercana o no, puesto que en su condición de “frágil”, temía terminar esparcido por los suelos.

Este hecho fue reseñado en obras de famosos como Miguel de Cervantes o René Descartes, con analogías traspuestas a realidades específicas como la existencia de Dios o el desafío del ser humano en la búsqueda de la supremacía absoluta.

Carlos VI, Carlos El Loco, el Rey de vidrio,  murió entre delirios en 1442, sumido en un mundo bastante vivido para él y poco comprendido para quienes le rodearon, que en efecto, entre traiciones y abusos, estuvieron a su lado con la misma pena que le agobió, al tiempo que muchos se aprovecharon de su situación.